Cambiar de colegio cada quince días, cada 2 meses o cada trimestre no es agradable. Nuevos alumnos, nuevos compañeros, nuevas rutinas...pero acabas adaptándote. Perder dinero cada vez que te cesan tampoco está bonico. Menos bonico aún si cesas antes de Navidad o de Semana Santa. Una putada.
Pero claro, eso ni lo ve nadie, ni tampoco le importa a nadie. Eres un sujeto anónimo y errático de centro en centro que se va dejando parte de si mismo en cada uno de los coles que pisa, con cada uno de sus alumnos. Con el paso del tiempo algún compañero que te vea por la calle se acordará de tu cara y te saludará con alegría...porque hicísteis buenas migas y trabajásteis codo con codo. Lo que hacen todos los funcionarios claro.
Tampoco le importa a nadie que haciendo el mismo trabajo que los funcionarios nos quiten la paga del verano ni que empieces el 10, el 16 o el 23 de septiembre...si tienes suerte. Total es tu dinero, no el de nadie. Efectivamente a la gente le importa tres mierdas que te manden al paro. Que no cotices, que no sumes puntos para la siguiente ¿oposición?
No le importa a nadie. Menos a la clase política, a estos no le importamos nada, al revés molestamos. En junio te dicen que serán despedidos 360 interinos, allá por julio la cifra sube a 700...llega septiembre y ya vamos por 1.300 y lo peor es que no se ve el fin. Como dirían en Cieza ¡Total ná!
Aquí seguimos, al menos yo, con ganas de coger la maleta y huir de esta región. De donde un día me dieron el pan y al día siguiente me lo quitaron. Huir pero no para abandonar, no. Huir de aquí para hacer lo único que se hacer: trabajar y estudiar. Huir para aprender idiomas, para conocer nuevas formas de trabajo...y quién sabe si volver algún día. Pero coño, tampoco puedo irme, perderé la mierda de plaza de interino que tengo...










